jueves, 19 de abril de 2007

Hable, Eloi, pero no lo escriba


En la página 35 de Cuando amas debes partir (Seix Barral/ Fundación Casa de las Letras Andrés Bello, Caracas, 2006, 316 p.) Fernando Castelmar, protagonista de la novela, dice: “Estuve dormido veinte años pero desperté el 27 de febrero de 1989”. Apenas leo la frase creo hallarle sentido al “Preludio panfletario” (pp. 9-30) que abre la obra, en el cual se nos recuerda la legendaria toma de posesión de la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez en un tono más cercano a la crónica periodística que a la ficción narrativa. Me digo, entonces, que estoy ante un nuevo libro político y que esa entrada fallidamente satírica intenta mostrar el ambiente previo al “caracazo”, supuesto tema de la novela. La verdad me he engañado, pues Cuando amas debes partir utiliza el 27-F como pretexto para referir un asunto mayor: la tesis chavista relativa a los “cuarenta años de podredumbre” de la “cuarta República” (que comenzó, bueno es recordarlo, en 1830) en una estructura que pretende ser policial y que tan sólo logra cristalizar en una inverosímil historia de asesinatos que no tiene, peor aún, ninguna coherencia narrativa.

Esta debilidad resulta inquietante en un autor que en trabajos anteriores ha demostrado un adecuado manejo del género negro: en 1998 Eloi Yagüe Jarque recibió el Premio Juan Rulfo (mención Semana Negra), concedido por Radio Francia Internacional, por “La inconveniencia de servir a dos patronos”, compilado luego, junto con otros relatos, en uno de sus siete libros de cuentos: Esvástica de sangre (Editorial Norma, Bogotá, 2000). Yagüe tiene, además, una primera novela cuyo protagonista es el mismo Fernando Castelmar: Las alfombras gastadas del Gran Hotel Venezuela (Planeta, Caracas, 1999); sobra decir su género de adscripción. No estamos, pues, ante un novato. Por ello inquieta saber, asimismo, que Cuando amas debes partir se alzó con el Premio Nacional de Narrativa Salvador Garmendia 2006.

Quede claro: esta no es una obra literariamente policial, sino un texto de marcado interés político. Pero a contracorriente de La última vez de Héctor Bujanda, ya comentada en este blog, aquí es obvia la orientación partidista. Conviene advertir, sin embargo, que no debe entenderse a la política como un tópico de carácter antipoético, cuya voluble naturaleza descalifica su legítimo uso en el arte. Por el contrario, la novela y el cuento suelen tenerla entre sus temas predilectos. Hay política, quién lo duda, en cualquiera de las ficciones de Saramago, en Respiración artificial (1980), de Piglia; en algunos cuentos de Bolaño, en País portátil (1968), de Adriano González León; en Conversación en la catedral (1969), de Vargas Llosa… Sí, la política ocupa espacio importante en esas obras, pero no hace las obras. La disposición de las partes, la lengua, los personajes, el compromiso estético con los materiales literarios (el ritmo, las voces, los temas) constituyen el ¿misterioso? engranaje de toda ficción auténtica.

Ninguno de estos mínimos elementos Yagüe Jarque los trabaja con disciplinado oficio en Cuando amas debes partir, debido a su ciega necesidad de exponer una idea. Explico. Después del “Preludio panfletario” leemos el Capítulo intitulado “Castelmar”, que abre, simultáneamente, la “Primera Parte” de la novela. (La disposición en tres partes de la obra es, además, un simple capricho o, al menos para mí, un enigma: ¿cuál es la función de esos apartados llamados “Papeles póstumos del Club Prometeo”?, con todo y que en la página 280 uno de los personajes, Aída, señala: “ahora ya comprendo tus famosas reuniones del Club Prometeo. Al principio creí que era uno de esos clubes donde no se aceptan mujeres. Ahora entiendo que son tus fantasías dipsómanas con los escritores que conociste”. Agradecemos la pista, pese a que continúe el extravío. Sé, no obstante, que en algún pasaje de Las alfombras gastadas del Gran Hotel Venezuela el narrador detalla el espíritu de aquel Club; paradoja sólo aplicable a este caso: ¿debe el lector acudir a un libro para descifrar o comprender otro?) “Castelmar”, el Capítulo, recrea con solvencia cinematográfica aquellos días de febrero de 1989, supuesto anclaje contextual de lo narrado. Sin embargo, la trepidante efectividad del pasaje se diluye al introducir la verdadera historia de Cuando amas… y, al mismo tiempo, la intención real del libro: el asesinato del cínico W. C. como consecuencia de la trama amorosa entre él, Castelmar y Aída, y la caricatura (la obra no alcanza el nivel de un buen dibujo) de ciertos acontecimientos de nuestro pasado político reciente, de la “cuarta República”, mediante el tosco recurso de la diatriba. Cito: “-¿Quién se casó? / -Los niños Cisneros-Tinoco. ¿Te imaginas? Dos de las familias más poderosas del país ahora estarán unidas por la sangre. / -¿Tinoco el del Banco Central? ¿Cisneros el de Venevisión? ¡Nada menos! Cuéntame cómo fue eso.” (p. 24).

Está bien, hago trampa, el diálogo forma parte del “Preludio panfletario”, así pues, es coherente con el espíritu del apartado. Pero cómo justificar esta parrafada: “Los que más asco me dan son los políticos. En este país la política siempre ha estado supeditada a la economía. Vienen a proponerme tratos inimaginables: ‘si me ayudas en la campaña electoral te regalaré unos terrenos en la zona protectora del área metropolitana. Estamos cocinando la desafectación’. Si me ayudas esto, si me ayudas lo otro… No se imaginan cuánto los desprecio, lo que no me impide aprovecharme de ellos al máximo” (p. 314). Con honestidad, estas cosas se ajustan más a un ensayo o a una monografía, incluso a una crónica, aunque la novela sea el género de todos los géneros.

No quisiera abrumarlos, pero me niego a dejar fuera de estas notas el siguiente fragmento: “No puedes ser traidor, para serlo se necesita tener ideales. Y tú nunca los tuviste. Sólo jugabas a la revolución y buscabas cogerte a las compañeras. Nunca tuviste conciencia (…) siempre has sido el mismo: un oportunista”. Más adelante, el timbre oratorio se dispara: “¿O es que no era democracia lo que teníamos aquí? Si democracia se llama a meter un papelito en una caja de cartón cada cinco años, sí había. Nos daban el permiso de elegir nuestros verdugos. ¡Qué paradoja! Pero si entendemos por democracia participación verdadera, entonces lo que había era una farsa, una mamarrachada sangrienta como se vio el 27-F, pocos días después de la coronación de Locoven [sic]. Si treinta años tardó la ‘democracia’ en crear sistemáticamente este estropicio con nombre griego que hoy sufrimos, harán [sic] falta por lo menos otros treinta años para remediarlo” (pp. 101, 103).

Antes he dicho que Cuando amas debes partir es una novela inverosímil y sin coherencia narrativa. Inverosímil porque la motivación policíaca (el núcleo de la historia) que mueve al protagonista en su intento de asesinar a W. C., Redactor Jefe de La República (¿El Nacional?), es una difusa filiación: el hijo adolescente de W. C. asesinado por un jerarca de la “cuarta República” era, en realidad, el primogénito recién descubierto de Castelmar. ¿Se puede desarrollar un vínculo padre-hijo instantáneamente?

Sin coherencia narrativa porque los sucesos del 27-F, que el “Preludio” y el inicio de la “Primera Parte” nos hacen creer será el tema central del libro, pronto se olvidan para dar paso al cuerpo ideológico del autor (los cuestionamientos sobre el uso del periodismo impreso, y los ataques contra la vieja clase política venezolana y contra la burguesía –judía– criolla) enmascarado en un truculento asesinato que comete otro (Aída), no el héroe de estas aventuras periodísticas. Justo en este punto la estrategia policial se desmorona, pues por un golpe de mano el motivo que acciona el homicidio de W. C. y el sujeto que lo ejecuta cambian inopinadamente. Abrupta implosión de historia y trama. (Al margen: el Capítulo “Los Goldstein: Eliécer”, Tercera Parte, pp. 291-303, no agrega ni quita nada a la novela: sobra).

En los últimos años, digamos desde 1998 hasta hoy, para tomar una fecha emblemática, algunos escritores venezolanos parecen haber olvidado que una obra literaria puede ser política, pero siempre es literaria. También parecen haberlo olvidado los jueces que premiaron a Bujanda y a Yagüe Jarque, respectivamente; y los editores de El complot (Alfadil Ediciones, Caracas, 2002), de Israel Centeno, y de Árbol de luna (Ediciones Lengua de Trapo, Madrid, 2000), de Juan Carlos Méndez Guédez, y mucha gente.

Por eso nunca debí llamarme a engaño. La contratapa es clara: “El sacudón le recuerda [a Castelmar] que su corazón late a la izquierda y bombea sangre roja”. En fin, una entrada más para el acervo.

39 comentarios:

Anónimo dijo...

Mierda de portada, ¿Carrie en Catia saliendo de un sauna bolivariano? y mierda de contenido... por lo que se lee ¿no?

Anónimo dijo...

Excelente reseña, así da gusto y así deberían ser!

Anónimo dijo...

la portada es horrible, parece un libro de autoayuda de los años 60; estos chavistas tiene el gusto rojo rojito de las malas editoriales de provincia... y y si el libro es como la portada, se entiende la crítica de los perdomo

Anónimo dijo...

da un poco de lástima esa portadita, la verdad... se la hizo su enemigo... este yagüe es más pavoso que unas pantaletas marrones

Anónimo dijo...

muchos estábamos contentos por la aparición de este blog ácido; pero ya se le nota a los que hacen las críticas que se han dejado influir por la letrina que es la seccion de los comentarios (¿o son ellos mismos los que escriben crítica y comentarios?). Menos arrechera y más crítica literaria, aunque sea ácida. Que los excrementos de la letrina se queden en los comentarios, que para eso anda mucho loco por ahí con ganas de insultar a los que en realidad envidia.

Anónimo dijo...

La reseña está bien sustentada y argumentada, así que podría alentar una interesante discusión más allá de lo fea que pueda ser la portada.

Anónimo dijo...

La verdad, la tapa no importa. Estoy de acuerdo en que más interesante sería discutir los argumentos de la reseña. Por ejemplo, no sé si es justo señalar que la novela de Méndez Guédez falla como la de Yagüe o la de Centeno, según dice la crítica. Me parece que en Méndez Guédez se nota preocupación por el lenguaje y también por la forma, en este último caso siguiendo el modelo tradicional de la picaresca.

GP dijo...

Ya hacía falta un proyecto como éste. Un aplauso a sus creadores, y además, al anónimo de las 9:14. Ojalá tomen su comentario en cuenta.

Alguien me comentaba, en un bautizo no hace mucho tiempo, sobre un proyecto que comulga un poco con este blog. Me pregunto si...

En fin, saludos.

- Gabriel Payares

Anónimo dijo...

Parecía un proyecto interesante, pero derivó en cloaca mierdosa, y por otro lado ya se nota que los comentarios y el "reseñista" son una voz única cuyo objetivo es usar la capucha para no perderse alguna bequita gobiernera, y de paso echarle paja a ciertos autores incómodos.
Lo único divertido es la fijación sexual de los reprimidos de esta página con algunos autores. Es gracioso ver cómo sin que tenga ninguna relación, todo tema, toda reflexión sobre Bujanda o Yague o el Himalaya o el acido acetilsalicílico es buen pie para decir : Centeno es una mierda y sacarse de encima la envidia profunda que produce que este autor sólo con su talento esté recibidno fuera las magníficas críticas que la mezquindad mediocre de los campurusos escribidores de blogs como este pretenden negarle.

Anónimo dijo...

No es la misma persona, y Centeno no es el único escritor.

m dijo...

señores de A.Perdomo C.A.
la página está muy bien, la crítica está sustentada. Es cínica pero es seria. me parece una iniciativa excelente de reflexión sobre la literatura venezolana. era necesaria. a veces, somos demasiados complacientes con nosotros mismos. pero hay un problema: si la página se sigue abriendo a comentarios anónimos va a terminar siendo un receptáculo de envidias, chismoserías, banalidades. de basura, pues. ya se ve que alguna gente, bajo el amparo del anonimato, no hace más que destapar toda la cochinada que tiene por dentro. les recomiendo que restrinjan el blog para comentarios únicamente de gente registrada. o no sé si realmente lo que ustedes quieren es ser otro desaguadero más de mierda. si mi intuición no me falla y sé quién está detrás de los Perdomo, no creo que le interese patrocinar tanta bajeza.

m dijo...

mi comentario anterior fue extremadamente gallo, pues no había leído los comentarios al post anterior. este blog no es más que chepa candela, nada de literatura. qué perdedera de tiempo. escriban en vez de envidiar a los arrechos.

Anónimo dijo...

sigo pensando que una reseña semanal es muy poco; el tiempo en la red es más largo, y lo que parece normal en un periódico en la red es mucho tiempo de espera. La gente se aburre y no vuelve más, así que si quieren seguir teniendo visitantes aumenten el número de reseñas, porque si no, esto es una ladilla de comentarios imbéciles y quejas resentidas.

Bibliógrafo dijo...

La única manera de evitar que los comentarios se vuelvan, como escribió alguno, una especie de "chapacandelismo" o de catarsis de viejos odios nada literarios, es elevar la discusión. ¿Qué importa la portada o el hecho de que el autor objeto de la reseña sea de un bando político o de otro? Tampoco me parece que la peridiocidad semanal de las reseñas sea un obstáculo o la causa de que los comentaristas ventilen pasiones extraliterarias. Esta reseña sobre la última novela de Elio Yagüe tiene elementos susceptibles de discurtirse. Por ejemplo, ¿hay en la narrativa actual una necesidad de tocar el tema político o de convertir a las obras en "vehículos" políticos?

Anónimo dijo...

Verga, Perdomo, qué arrecho pero qué arrecho eres...

otro anónimo dijo...

coño, perdomo, descubriste que se puede hablar mal de cualquier libro y de cualquier güevon que lo escriba

Anónimo dijo...

"algunos escritores venezolanos parecen haber olvidado que una obra literaria puede ser política, pero siempre es literaria"

sin el panita perdomo nunca nos habríamos dado e cuenta de eso...

eloy yagüe dijo...

coño, me voy a suicidar

otro anónimo dijo...

Ya hacía falta algo así.

Anónimo dijo...

PERDOMO: QUIERO SER TU MUJER

Anónimo dijo...

papi, te voy a dejar, escalonaditos, unos cien comentarios. Y todos pa jalarte bolas

Anónimo dijo...

eduardito: para hacerle publicidad a tus críticas anónimas debiste haber abierto otra cuenta de correo. muchacho gafo

eloi yagüe dijo...

coño, mejor no me suicido. mejor le paro bolas a la perdomo y empiezo a escribir distinto

eloy yagüe dijo...

no, mejor sí me suicido

Anónimo dijo...

pana te la comiste

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...

no joda esto se pone bueno

Anónimo dijo...

coincido con el anónimo de las 18: 16

Anónimo dijo...

anónimo de las 11: 05: no coincido contigo

Anónimo dijo...

pana ya salieron a joder los carajitos

Anónimo dijo...

AHY QUE VER LA CUERDA DE RESENTIDOS QUE LE TIENEN ARRECHERA A LA LITERATURA VENEZOLANA CUERDA DE PAJUOS DEJEN DE HABLAR PAJA Y PONGANSE A ESCRIBIR

CHEO

Thady dijo...

Es obvio que nada serio puede salir del anonimato, si nadie es capaz de dar la cara, este blog no no dejará de ser más que una joda. Qué bueno que ya el propietario de este blog no permite más comentarios anónimos, ahora sólo falta que él salga del anonimato. Thady

queso dijo...

Buena iniciativa, Clan Perdomo.

Artificio dijo...

Estoy muy de acuerdo con el análisis de Perdomo, pero puntualizo mis diferencias u observaciones:
1. El capítulo "Eliécer" es lo único medianamente bueno que tiene la novela, si lo hubiese desarrollado más pudo transformarse en un buen cuento. Me temo que es el resto lo que sobra...
2. Los “sic” que tanto marcas, sobran, porque otro instrumento positivo que tiene la novela es que refleja el lenguaje de uso caraqueño, incluido lo que la RAE llamaría “aberraciones”, mejor dicho “íbanos y venianos dando vueltas en círculo”.
3. El problema de esta novela —y es allí cuando uno no se explica lo del premio— es que está llena de vacilaciones, superficialidades y su estructura es tan débil que se parece a la de una telenovela (mexicana, mayamera o argentina por supuesto), con hijo perdido incluido, alusiones vanas a la la realidad e historia conteporánea nacional, así como reflejo pálido de la opinión política del autor; que cuál es el problema que se incluya… pero vaya usted y lea a Unamuno, que sí supo cómo meter su pensamiento político en sus novelas.
Respecto a la cubierta del libro
—que ha causado tanto escozor
aquí—, también es uno de los pocos asuntos interesantes que tiene el libro, es una excelente foto de Nelson Garrido que insinúa algo que lamentablemente luego no se encuentra adentro. Cultura miss Venezuela “bella por fuera, vacía por dentro”.

Láudanoconpatas dijo...

Eduardo Cobos, das lástima; nueva forma de drenar tus peas.

Las señoras cuarentonas dijo...

Perdomos C.A:
Ya es hora de darles su palo cochinero a la Mafia Vegas (Federico Vegas, Blanco Calderón, Flejan y compañía) esos tienen una página donde despellejan a todo el mundo y nadie puede meterse con ellos. Pareciera que a los mantuanos no se les puede tocar.

El Negro dijo...

Sí, duro contra esos mafiosos de mierda. Abajo la Oligarquía.

Roberto Luis dijo...

Los buenos libros se salvan solos, si es el caso. La mala literatura tambien muere solita, solo que a veces hay que darle un empujoncito y verla caer. Lo de A. Perdomo es mas que un empujon, es una zancadilla burrera, es lanzarla sin frenos hacia el viaducto imaginario... Y para un libro malo no hay trocha que valga, Sres.

Willy McKey dijo...

Me llama poderosamente la atención el cuestionamiento al "asunto anónimo". Espero me perdonen el vicio deleuziano cuando nos recuerdo que la aprehensión de un nombre propio es, de un modo inmediato, la aprehensión de una multiplicidad.
¿Qué tan anónimo es este blog cuando nombres como los nuestros se acumulan en esta región de comentarios, estando de acuerdo con que hace falta crítica honesta y nadie la hace?

Marcotrigiano, Kozak, Chirinos, Torres y Febres, por ejemplo, son nombres que podemos ver firmando en diversos ISBNs y otros depósitos legales... incluso firmando alguna crítica (o reseña, esa hermanita aparentemente menor e ingenua), eso que decimos que hace tanta falta.

Hay dos grandes acuerdos en estos comentarios: hace falta crítica y quizás el anonimato no es la más frontal de las formas (menos cuando se pretende rendir tributo a Alicia, quien supo llevar el peso de su palabra con cada púa). ¿Y entonces? ¿Cuándo es que empezamos a decirle la verdad a los "amigos"? ¿O sólo nos quedaremos acá, posteando y susurrando un tonto "Fuenteovejuna fue"?