jueves, 12 de abril de 2007

La primera última vez



“Panfletaria” es, quizás, el peor adjetivo que puede adjuntársele a una novela. De lo cual se podría deducir que una novela panfletaria es el peor tipo de novela que puede existir. Pero como lo demuestra la propia literatura esto no es cierto. Cantidad de novelas banales existen que son peores que las novelas más “comprometidas” (comprometidas con todo menos con ellas mismas). En todo caso, si se quiere ser ecuánime, habría que decir que la banalidad intimista y el compromiso político sirven como puntos extremos a los que no debe abandonarse sin mesura una novela si quiere convertirse verdaderamente en literatura. Llama la atención que los jurados de las dos ediciones del Premio de Novela Adriano González León hayan optado, en cada oportunidad, por novelas que se entregan malamente a una de estas dos opciones. Corrector de estilo (Editorial Norma, Caracas, 2005), de Milton Quero Arévalo, es una novela banal y cursi. La última vez (Editorial Norma, Caracas, 2007), de Héctor Bujanda, es una novela “comprometida”, ingenua y deshonesta. Hablemos en este post de la de Bujanda.

La novela tiene un comienzo cinematográfico. En el Cementerio General del Sur una típica familia clase media venida a menos asiste, en medio de un aguacero, al funeral de uno de los suyos. Un padre, una madre y dos hijos (un muchacho, José Ángel, el protagonista, y una muchacha, Katty, su hermana) despiden al mayor de los hermanos. Estamos a finales del año 1994 y la enfermedad ominosa que motivó la muerte de Ricardo (así se llama el difunto) es, para variar, el sida. Este comienzo de utilería tiene, no obstante, dos rasgos rescatables. La descripción de ese ambiente tan particular que persiste en el Cementerio General del Sur, donde, como bien lo señala el narrador “las fronteras entre la vida y la muerte son cada vez más difusas” (p.16), y el giro extraño que hay hacia el final del primer capítulo, cuando José Ramón Rodríguez, el padre, desaparece misteriosamente en el camino de regreso.

Ambas desapariciones, una definitiva, la del hermano, y una circunstancial, la del padre, llevan a José Ángel, el narrador, a tratar de desenredar la complicada madeja de situaciones que ha convertido su vida, la de su familia y, en última instancia, la del país, en un laberinto sin salida. Y es en este proceso, el de hilar fino las diferentes tramas de la novela, donde se le enreda el papagayo al joven Bujanda. Se le enreda el asunto desde el segundo capítulo hasta el final. Y como ya dijimos que el primero también es acartonado y esquemático, habría que decir que la cosa se le enreda incluso antes de comenzar la novela.

Basta con leer los supuestos correos electrónicos de varias páginas (¿ya eran habituales en 1995?) que José Ángel le escribe a su hermana Katty, que se ha autoexiliado en Barcelona, España, un año después de la desaparición del padre, para comprobarlo. Allí, Bujanda mete la mano cual decimonónico titiritero y pone al joven periodista protagonista de su novela a hacer exhaustivos análisis del panorama político, económico, socio-cultural, idiosincrásico de Venezuela en los noventa. Allí, en ese espacio clásico de la intimidad, de lo distendido y de lo azaroso que han sido desde siempre las cartas, José Ángel le cuenta a su propia hermana, como si ella no lo hubiera vivido o no lo supiera ya, los secretos tortuosos de su historia familiar y nacional. Este mismo recurso desesperado lo utiliza Bujanda varias veces a lo largo de la novela. Cada personaje secundario es un botón que, apenas es pulsado por el narrador, suelta toda la información que tanto él como los lectores necesitan para seguir el curso de la historia. A esta impericia en la escritura me refiero cuando hablo de ingenuidad: más allá del título, es evidente que para Bujanda se trata de su primera vez.

Hablar del aspecto político de esta novela y del respectivo juicio moral que extraigo a partir de ese tema (pues decir que una novela es “deshonesta” implica un juicio moral) es algo más complicado. Una complicación que, paradójicamente, puede ser entendida, en principio, sin abandonar el campo de la estructura narrativa y el estilo. Sin abandonar la forma pero entreviendo en ella su contenido.

Hayden White, en su libro El contenido de la forma (Paidós, Barcelona-España, 1992), señala que para que pueda haber un discurso narrativo histórico efectivo, éste debe contener un centro social definido que permita cotejar y poner en relación los distintos hechos narrados, para así poder dotarlos de significaciones éticas y morales. Si tomamos las consideraciones de White sobre el discurso histórico y las trasladamos al discurso literario vemos que los mismos requisitos no pierden vigencia. Sobre todo si, como sucede en nuestro caso, estamos hablando de una novela de corte histórico, político y realista. Con la novela de Bujanda sucede que, para decirlo de forma clara y reduccionista, uno no sabe quiénes son los malos y quiénes son los buenos. La novela de Bujanda es deshonesta porque tiene dos centros sociales y dos moralidades. Se acuesta un rato con el pueblo y luego se pasa a la cama del gobierno. Justifica el infierno del presente (de nuestro presente) recordando el infierno del pasado inmediato, el de los años 90. Toda una indecisión ideológica que se acumula y se traduce en la apocalíptica y pusilánime consigna que abriga el libro: “Debes elegir: la destrucción o la destrucción” (p.150).

En este sentido son interesantes las palabras de presentación de la novela, escritas por Ignacio Ávalos Gutiérrez. El siguiente fragmento (el texto completo lo pueden consultar en http://www.ficcionbreve.org/ ) da en el corazón, o mejor dicho, en el corazoncito del tema: “Si uno sucumbe a la manía de clasificar y colocar etiquetas, tal vez haya que poner esta obra [La última vez] en la gaveta correspondiente a la novela política (…) Su relato no es ideológicamente insípido, Bujanda, déjenme decirles, tiene su corazoncito político, sin que ello signifique que su escrito quiera convencernos de lo que él cree, dejándonos, para ello, el legado de un mapa infalible que impida que nos extraviemos.”

Ahora cabría preguntarse, ¿en qué cree Héctor Bujanda? O, si se quiere ser riguroso con las herramientas de la crítica y la teoría, ¿en qué cree José Ángel Rodríguez, el narrador protagonista de esta novela? Les doy tiempo para pensar la respuesta y mientras lo piensan les digo que Ávalos Gutiérrez se equivoca en su gentil generalización. Bujanda no nos ha dejado un mapa infalible, nos ha dejado un territorio minado por los baches de forma y fondo de su novela donde yo, por lo menos en su parte final, me extravié por completo.

La novela finaliza con una apresurada explicación de todo aquello que el lector no ha podido comprender (y que seguirá sin comprender del todo una vez concluida la novela). Es la explicación de un tercer hilo narrativo que une la historia familiar de José Ángel con la historia nacional y que tiene en la figura del padre la principal clave de interpretación. Se trata de una historia intrincada, donde se mezclan las fuerzas de la política, de los militares y del narcotráfico. Una historia de conspiraciones y corrupciones en la que el padre de José Ángel juega un papel incierto, un papel que el lector no termina nunca, al menos no sin forzar la frágil verosimilitud del relato, de determinar.

Ahora, ya para concluir, retomo la pregunta: ¿Qué hay en el corazoncito de José Ángel? ¿Qué hay en el de su demiurgo Bujanda? En sus corazones anida la indecisión, el deseo de postergar infinitamente la respuesta, el deseo de no tener que decidir. La novela de Bujanda merece estar en la gaveta más oculta y chiquita que se encuentre dentro de la ya innoble gaveta de las novelas políticas. La novela de Bujanda es un panfleto indeciso. Es la novela de la abstención.

51 comentarios:

Eduardo Febres dijo...

Excelente iniciativa. No comparto lo del anonimato, pero es cierto que quizá es la única forma de hacer crítica a las obras venezolanas sin ser siempre complaciente e incluso apologético(ni herir gravemente ciertas susceptibilidades). Pero mosca. Tampoco va a tener ningún sentido si se concentran solo en destacar los aspectos negativos de las obras. Hacer eso también es muy fácil (sobre todo si se está escondido).

Héctor Torres dijo...

Comparto ampliamente ambos puntos planteados por Febres: Hace falta crítica en Venezuela. Creo que todos (autores, editores, lectores y libreros) la necesitamos y la agradeceríamos. Y esta primera muestra habla de una concienzuda crítica, de un trabajo minucioso. Ahora, en lo personal, abomino del anonimato. Podría dar pie a que esta excelente iniciativa baje de nivel con los dardos mal escritos y llenos de bilis revuelta que caracterizan otros foros anónimos, y que se utilizan para atacar sin argumentar. En todo caso, es una decisión de cada quien. Le(s) deseo suerte y larga vida.

Santiago Acosta dijo...

Amigo Perdomo, es la primera crítica honesta de literatura venezolana que he leído en años. Ojalá se convierta en una corriente. No me molesta tu anonimato, por cierto; creo que no hace falta tener un rostro para entender o escribir una buena crítica. Pero eso sí, estoy de acuerdo con que es muy fácil despotricar, hay que ser más sobrio y menos visceral en estas cosas, si no jamás te tomarán en serio. Sé que es difícil, pero no hay que escribir, ni criticar, "bajo el imperio de la emoción", como diría el tipo este... Quiroga. Si se escribe así entonces deja de ser tan necesario el anonimato. Salud!

Nestor dijo...

Sigo la línea de Febres. Amigos: si la intención es tener una página maluca que se centre, como la mayorí de las cosas aquí en Venezuela, en menospreciar el trabajo de otros venezolanos, entonces este blog es un saco sin fondo. El ànimo de ver sólo lo malo, es una muestra de mala voluntad. Para que sea equilibrado su trabajo, deben fijarse también en los aspectos positivos o rescatables de los trabajos. Hasta pronto.

Anónimo dijo...

Es verdad, ustedes lo confirman: no hay crítica en Venezuela, ni quienes se atrevan a expresarse dando la cara. Yo tampoco.

Anónimo dijo...

Felicitaciones, muchachos, visiten relectura para que oficialicen su grupo de lectura. Nada más tienen que llenar la planilla y ponerse el uniforme, y de ahí pa la escuelita.

Juan Carlos Chirinos dijo...

Una cosa es cierta: si no es Alicia la que escribe (y según declaran, no es más que un "homenaje" de varias plumas anónimas), al menos el tono, el sarcasmo y la manera de utilizar las herramientas teóricas que cita se parecen extrordinariamente a los de las críticas que "in illo tempore" publicaba en aquella sabrosa revista Imagen que dirigía Esdras Parra. De cualquier modo, con máscara o sin ella, es una iniciativa que -como mñinimo- hay que seguir. la blogosfera es -todavía- libre, por lo menos hasta que las iniciativas de censura de tipos como el wikipedio tengan éxito.

Miguel Marcotrigiano dijo...

Estimados amigos de A. Perdomo C.A.
Hace unos minutos acabo de hablar con Alicia Perdomo quien, al igual que muchos, se mostró sorprendida de verse homenajeada en el Blog. La verdad es que está muy contenta y les pregunta si ella también puede colaborar en la página. Yo, por mi parte, los felicito por la inciativa.
Un abrazo desde España,

Miguel Marcotrigiano L.

alicia perdomo dijo...

Gracias mil por este blog pero por favor, identifiquense. Y pregunto: ?puedo escribir aqui? Y otra cosita, la persona que lo abrio, ?me puede escribir y decirme quien fue? Me muero de la curiosidad


aph
aliciaperdomoh@gmail.com

Anónimo dijo...

por favor, tanta ingenuidad me conmueve!

Artificio dijo...

Sencillamente genial, qué siga la fiesta. Yo les propongo la última de Eloy Yagüe, con premio incluido.

Carmen dijo...

Desafortunada -y afortunadamente- los nombres conllevan historias, compromisos, amistades, afiliaciones. No sé si el blog es de Alicia -ella lo niega- pero el anonimato, usado con honestidad, puede ser un buen ejercicio en objetividad (si es que ésta existe)
Carmen Vincenti

alicia perdomo dijo...

Carmen, estoy de acuerdo contigo y te lo digo seriamente:no tengo nada que ver con este blog pero si creo que puede -y debe- ser un espacio para escribir.

Anónimo dijo...

No se si vieron la imagen del verdugo con el hacha que ilustra esta página y anuncia lo que viene...
Creo que esa es la idea y no se si Alicia o Carmen se presten al juego macabro...

Anónimo dijo...

Arrechísimos, son una lumbrera, agudísimos. Los panfletos hay que dejárselos a Bujanda, a Barrera, a Méndez Guédez, al ciclotímico de Centeno, a Duque. A toda esa generación de cuarentones decadentes que ven política hasta en el corn flakes. Les propongo que le manden esto a Rivera, para que lo publique en su Papel Literario y se hagan famosos...

Dinapiera Di Donato dijo...

Ingenuidad e imprudencia no bastaban para que una veinteañera se atreviera a escribir sobre lo que le encargaban. Hacía falta talento y lo de Alicia Perdomo fue puro talento, aunque lógicamente su juventud no le permitiera adivinar algunas veces las propuestas estéticas del libro que se producía en su comunidad. Ni tampoco tenía por qué discernir las razones menos literarias de la selección previa que se hacía para ella. Porque le enviaban los libros para que los comentara. No elegía sus lecturas. La comunidad literaria tal vez no fue tan joven como ella, sino que, siguiendo la costumbre del anonimato, usaba las columnas de lectores contratados ( y en realidad explotados, porque también la tradición esperaba que un estudiante de letras de clase media baja cobrara el honorario de sentirse honrado por la oportunidad de ejercitarse y la ilusión de ser útil en el campo cultural) para que se escribiera en voz alta lo que nadie, o por falta de talento para articularlo o porque la ansiedad autorial del medio no permitía en esos tiempos la serenidad suficiente como para leer a los autores venezolanos sin prejuicio y no exclusivamente a los amigos. De repente una muchacha que no era amiga de nadie sino lectora lúcida y de escritura elegante y nada eufemística se atrevió a hacer crítica literaria, como si no le debiera nada a nadie. Fue una novedad. Me temo que se use su nombre en este blog para seguir distorsionando la crítica literaria, pero prefiero entender que es una propuesta lúdica y que así como se critica el libro de Bujanda, se critique el libro del mejor amigo (je je) o del autor nacional unánimemente enjundiado que –QUIERO QUE DIGA-, que soy la generación de relevo de la buena literatura venezolana. Igual que antes, cuando era un suicidio literario no ser promocionado. Y también era suicida hacer la crítica al estilo Perdomo con nombre y apellido.

Anónimo dijo...

Conociendo al ratón de Bujanda, ese coño se cojió a la mujer del anónimo. Tan deshonesto, ¿veldá? Aprieten ese culo, que ese bichito además de panfletario es tirón

Anónimo dijo...

me encanta el odio de las cachaperas...!!!APCA!!!APCA!!!APCA!!!

Madame 'O dijo...

Antes el papel lo aguantaba todo. Ahora, al parecer, el blog también. Sí, es cierto, ya no existe crítica literaria como la concebíamos hace tres lustros. Ahora sólo hay tibias reseñas de medio párrafo, limitadas a sintetizar los comentarios de marketing aparecidos en la contraportada. Pero aún: complacientes ¿críticas literarias? que sólo reflejan una profunda medianía. Nadie quiere comprometerse, nadie da la cara -como en este sitio y como yo-, nadie desea hederle mal a la pequeña y estúpida farandulilla literaria criolla, so pena de que te tilden de rojillo.
En otras palabras, nadie puede asumir el papel de crítico literario cuando debe autocensurarse, cuando debe pensar en las reacciones de sus futuros mecenas, cuando los suplementos literarios son una muestra pura de onanismo.
No tengo comentarios personales sobre Alicia Perdomo. Estuvo a punto de ser mi profesora y siempre me pareció intimidante; a veces resentida como toda criatura puntillosamente intelectual. Su estilo de hacer crítica era una propuesta que, imagino, tuvo que haberse transformado. Antes de escribir este post, revisé un plan de trabajo suyo (2003) en el Yeshiva College (http://www.yu.edu/yeshivacollege/Departments/foreignlanguages/latin_american_literature_ii.html)
y no me pareció muy distinto a su visión de hace quince años atrás.
No puedo decir que sea ella la que escribe esto, y su "homenaje" debe estar pensado por un acólito suyo a quien le gusta el vintage freak ... pensé en Bárbara Bordalejo, en Juan Carlos Chirinos (no, no, él no, no puede ser)... pensé incluso que hay una tribu de amazonas encapsuladas en los jardines de la USB, capaces de cortarse una teta y escribir este blog con la malaleche o la sangre que les emana. "La sociedad secreta de las walkirias de Sartenejas"
En todo caso, larga vida al plomo, la inquina y lo políticamente incorrecto, que todo es válido en este mundo!!!
Incluyendo la crítica a la crítica!!!!

Anónimo dijo...

De pinguísima el circo romano, pero propongo un poco de orden cronológico a la hora de devorarnos a los bárbaros. Hay que hablar de la cagada que puso el Chirinos con su bodrio de Miranda. Y también creo que hay que darle a Barrera, porque si el de Bujanda es el panfleto de la abstención, lo cual comparto plenamente, aquel es el de la evasión disociada. ¿Y que me dicen de Echeto, de Tablante, de Méndez Guédez y Eloi Yague? Palo por ese culo, Alicia, ¡y que vivan las lesbianas!

Anónimo dijo...

¡Verga! Acabo de enterarme del regreso de la patichueca, bizca y malencarada A.P.H. La misma que escribía mal sobre los hombres escritores pero machete siempre de las mujeres escritoras. Que lo diga la escuálida de la Madrid, que se quita la edad. Machorras dicen por ahí que eran, no me consta. Con la diferencia que ahora regresan con una banda de alumnas subsidiarias "usb style" y "ucab girls" y escriben o aprueban los posts desde N.Y. Viva Chávez, no joda, que la obligó a emigrar. Lo del "permisito pa escribí aquí" es una joda pa desviá la atención y también la opinión de la italiana y pavosa vincenti. Lo peor es que la "pálvula novelista jubilada" de la usb que escribió la reseña sobre el ratón Bujanda le dijo a otra de la ucv que participó en los dos años del concurso AGL y su obra no ganó. No joda, tonces me arrecho, hablo con la Perdomo, con las ambiguas de saltenejas y hacemos un blog para esprimir a los ganadores. Cualquierra que gane un premio de ahora en adelante lo jodemos si es hombre. vivan los papos pero no pa usarlos con los machos. Encapuchao cualquiera es valiente, tu sabe, pa no ganá enemigos en la farándula literaria y conseguir que publiquen mis novelitas fastidiosas y percusias y mi poesía pesada y que se oigan nuestras gargantas profundas y virgas clamando justicia. El blog debe llamarse la bizca y no el encapuchao.

Anónimo dijo...

jajajajajaja
Esto se está poniendo bueno!

Anónimo dijo...

Tarde piaste, pajarito. Dejen la lloradera, ¿quién les manda a darle el premio AGL a un chavista? Ahora se lo calan, como al míster en Miraflores, y hasta el 2021.

TuescoÑetao dijo...

SI CLARO, QUE VIVA LA CRITICA PERO NADIE CRITICA A LA "CRITICA" APC.A, JOOOODANSEEEEEEEE

Anónimo dijo...

Ay, me perdí... ¿Quién es la bisca? ¿Alicia? ¿O la gorda Chirinos?

Anónimo dijo...

y será que... ¿alguien, a parte de la bizca, se ha leído el libro de Bujanda?

Anónimo dijo...

vayan a leer y después hablamos

Miriam dijo...

QUÉ ESPANTO!QUÉ DEGRADACIÓN!DABA RICO SABOR LEER LOS PRIMEROS COMENTARIOS SORE EL BLOG DE ALICIA.BIEN ESCRITOS, SÓLIDOS, REIVINDICADORES DE UNA CRÍTICA QUE SOBREPASE LAS CÚPULAS DE LOS ELEGIDOS, QUE SEA CAPAZ DE ABORDAR LA OBJETIVIDAD Y OLER EN LOS ANAQUELES ALGUN LENGUAJE NUEVO SIN NOMBRE RECONOCIDO. Y EN UN DÍA LAS LENGUAS VIPERINAS, ENMASCARADAS EN EL ANONIMATO, LANZAN DARDOS ENVENENADOS, CHISMES DE POCO VUELO, INSULTOS DE BAJA ESTOFA. LA LITERATURA,OFIDIOS DE ESCONDITE, NO ES EL QUE ESCRIBE SINO LO QUE ESCRIBE. TENÍAS RAZÓN, TORRES, EL SIN NOMBRE ES PELIGROSO...ELEVA LOS BAJOS INSTINTOS Y LAS ENVIDIAS...´LÁSTIMA...MIRIAM MAINONI

Anónimo dijo...

Esto está buenísimo, Alicia, más que la crítica esa panfletaria que has hecho (bastante deshonesta, aquí entrenos),lo importante es lo que has generado en el submundo de nuestras miserables letras nacionales, llena de pequeñísimas envidias, de vilezas y de mucho escualidismo resentido. Salud, mi hermana. Sigue así, albotando a las bestias... Todos a inscribirse en la misión Negra Hipólita!

Anónimo dijo...

Ha muerto El meollo!
Viva A. Perdomo C.A!

Anónimo dijo...

Antes de colgar en este blog consulté varias veces con doña Eloína (ojo, no es la quiromántica de las locas, ni mi terapeuta argentina Tomasa Eloína Martínez, sino la tía de un apreciado señor escritor, perdón, ya me van a tratar de a-colito). La tía fue tajante: no hay que meterse en pleito de parejas porque te pueden salpicar ordinarieces. ¿Tú estás pa’ eso?

Me recomendó frecuentar secciones de la blogoteca un poquito más literario-existenciales, donde te enseñan cómo pensar, cómo mejorar la lecto-escritura, cómo ponerse al día con el canon propio y ajeno, cómo postear con felicidad y sobre todo cómo cultivar amistades. En cuanto a Alicia, le suena el libro titulado “Pregúntale...”, y obviamente el de su sobrino, pero más nada. No le menciono al pedófilo para no alborotarla más y me paso de pedante: señora, yo no necesitaba un blog de autoayuda.

-Bien hecho, me asestó hoy cuando le fui con el escándalo de que se re-postearon en el blog, con cosas como un más gay serás tú, y si tú eres cachicorneto mírate la paja y otras lisuras de alto tenor político.

-Bien hecho, ¿no te diste cuenta de que se estaban desahogando? Además tú no tienes nada de gay, ni siquiera de maricón, yo lo que creo es que tú eres parguete. A Eloína no le vale que llevo años sin ir a marchas secretas por el orgullo de los del otro lado. Por último le comento que llegaron a decir incluso que hay una secta rosada en Sartenejas.

- ¿Una qué quéee? Ya me lo venía figurando cuando oí que hasta mi sobrino se había foteado en un portal. Tanto que le había prestado Sartenejas.

Como no es la última vez que discuto con la doña me callo porque está convencida de que a un blog de este tipo uno va buscando mínime almas gemelas y si no, no se va. Cómo le explico que de todos modos voy a postear mis asuntos, primero mi protesta, que para un raro que le gusta leer y escribir, como yo, peor que un amante lesbiano gafo, peor que una cachapera barroca, peor que un macho cursi disimulado en los “verga”, es otro raro torcido que viva de los recursos humanos más populares y efectivos del país político: la envidia, el rumor y el chisme. Y, presentado las excusas debidas a los salpicados, escritoras y escritores que menos mal nunca se enterarán de este blog donde otros resuelven broncas matrimoniales y otras ronchudeces usando el nombre ajeno, ahora a lo mío: ¿dónde puedo leer la crítica de mi libro?

Anónimo dijo...

El anónimato puede ser una forma del seudónimo. Así lo he visto en la crítica de este blog. Un análisis personal, bien pensado, con una sostenida subjetividad, y en la que la crítica se dirige al universo que el libro propone. En esos términos puede ser una saludable experiencia, y el anonimato puede ser un síntoma del miedo que recorre Venezuela. No nos atrevemos a dar la cara si se trata de comentar con agudeza a un autor del régimen.
Las respuestas también dibujan un país, en este caso, esa cloaca que somos: envidias, miserias, homofobia, mediocridad.
En mí han generado el efecto contrario. Leeré con curiosidad a todos los difamados por la miseria de algunos. Algo bueno tienen que tener si son capaces de generar esas reacciones en los acomplejados.

Anónimo dijo...

lo único malo de este blog es que las críticas son semanales; ¡que se apuren con la crítica a los próximos libros!

Anónimo dijo...

En diciembre nos trajeron un total de 60 libros de Venezuela, Ecuador, Argentina, USA, Colombia, Perú, México y Brazil. Excelente los de ficción venezolana, en su mayoría, (algo monótonos los de análisis político), por lo que pensamos que ustedes son bastante injustos entre ustedes. Bueno, yo no, el grupo. Somos un grupo de lectura y creación literaria formado por profesionales nacidos en América (del norte y del sur) pero transplantados por nuestras familias desde nuestros países de origen y radicados en la comunidad europea. Al caer en este blog es como si viera de nuevo algo que me tocó presenciar hace aproximadamente 19 años en una librería de Caracas cuando yo tenía más o menos quince. Me vecino, estudiante de Letras, me invitó al festejo de un libro para animarme porque andaba yo con una bronca porque había concursado para apuntarme a un taller de creatividad del CONAC y me ubicaron con “el perraje”. Se hacía una selección y los mejores aspirantes eran repartidos entre los escritores reconocidos. Los demás les tocaban a maestros que pagaban contraprestaciones de bolsas de Trabajo y lógicamente lo más que te proporcionaban estos docentes, sin menoscabo de su profesionalismo, era la posibilidad de hacer catarsis. Pero mis catarsis las hacía con la psicóloga del colegio porque vivía arrecho por la decisión de mis padres de regresarse a Alemania. El vecino me invitó a una librería muy acogedora que quedaba cerca de la universidad Central. Como llegué temprano pude escuchar cómo el autor del libro que estaba por presentarse le decía (lo que tomé por insultos) a otros que ellos no eran escritores sino asomaos de esos que viven de los vinos ajenos. Me dio pena porque mi vecino me había invitado precisamente porque iban a poner unos tragos buenísimos. Me obligué a comprar el libro del escritor, le pedí que me estampara la firma y salí corriendo antes de que empezara todo. Déjenme decirles que el libro me gustó muchísimo pero le agarré miedo a los autores venezolanos, a pesar de que mi vecino me insistió en que lo que yo había presenciado con pena ajena era una joda. Por cierto, tengo que encargar el libro del señor Bujanda. De los otros mencionados tenemos algún título. Enhorabuena y suerte con esta extraña forma de publicidad. Pero quisiera pedirles un estilo un poquito más comprensible para el que no tenga idea de la cultura venezolana. Como yo soy criollo me apunto en lo de anónimo.

Anónimo dijo...

anónimos, y cuándo empezamos a leer y a criticar los libros????

Anónimo dijo...

Esa tal Miriam tiene razón

Anónimo dijo...

¿Alguien tiene un ejemplar de Préstame tu máquina? hoy dijeron en clases que es un libro importante, pero se perdió de la biblioteca. El autor se llama José Adames.

Anónimo dijo...

es raro si logras conseguir ese libro. desapareció

Anónimo dijo...

Puedes escribirle a Méndez Guédez y a la tribu de Madrid, ellos son expertos en José Adames. Deben tener también el otro, el del Cursillo de Letra Palmer, por si te interesa

Bibliógrafo dijo...

Te paso los datos del libro de José Adames: Préstame tu máquina / Narraciones. Prólogo-Advertencia-Dedicatoria-Palabras al lector por el autor. “Preámbulo 3 que en realidad es un epílogo”, por Salvador Tenreiro. Caracas: Ediciones Ojo de Cuero. 1977. 59 p.

narciso espejo dijo...

Hay como que demasiada arrechera en estos comentarios. Y de la estéril. Da gusto ver a Quevedo y a Lope caerse a carajazos: cuanta arrechera bien puesta. Aquí faltan narices y sobran rabos de paja. Hay – en la novela y en los comentarios – un exceso de periodismo, que es de las peores cosas que le pueden pasar a quien escribe. Y, sin duda, la peor cosa que le puede pasar a quien lee.

Anónimo dijo...

Gracias a bibliografo. El profesor esta tratando de convencernos de leer algo de escritores nacionales, yo creia que esta pagina era de escritores disculpen. Espejo menciona a Quevedo, el profesor tambien.

Anónimo dijo...

Bueno, muchachos, no se sientan cohibidos por la letrina que se ha desatado aquí ( y por los obsesos sexuales que sin que tenga nada que ver se ponen a mencionar con arrechera y deseo reprimido a los escritores que envidian). También en medio de las aguas del Guaire que aquí burbujean, han asomado opiniones y ganas de compartir la literatura.

Anónimo dijo...

No se. Pero sospecho, ke, por akello, de ke todo hombre tiene una historia, esa critica parece hecha por alguna hembra herida. O sera, mas bien algun maricon herido ¿kien sabe? lo cierto es ke de aguda no le encuentro nada.

Y, si al juego del anonimato vamos, entonces yo tampoco firmo.

Anónimo dijo...

Quien viviera en una corte del siglo XVII...

Ataca Quevedo.



CONTRA DON LUIS DE GONGORA Y SU POESIA



Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisferio
zona divide en término italiano;


este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;

el minoculo sí, mas ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;

éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.




Segundo asalto. Ataca Góngora.



Anacreonte español, no hay quien os tope.
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope

¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día.
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego



Tercer asalto. Ataca Quevedo.



Yo te untaré mis obras con tocino
Porque no me las muerdas, Gongorilla,
Perro de los ingenios de Castilla,
Docto en pullas, cual mozo de camino.

Apenas hombre, sacerdote indino,
Que aprendiste sin christus la cartilla;
Chocarrero de Córdoba y Sevilla,
Y en la Corte, bufón a lo divino.

¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?

No escribas versos más, por vida mía;
Aunque aquesto de escribas se te pega,
Por tener de sayón la rebeldía.



Cuarto asalto. Ataca Góngora.



A don Francisco de Quevedo (atribído)



Cierto poeta, en forma peregrina
cuanto devota, se metió a romero,
con quien pudiera bien todo barbero
lavar la más llagada disciplina.


Era su benditísima esclavina,
en cuanto suya, de un hermoso cuero,
su báculo timón del más zorrero
bajel, que desde el Faro de Cecina

a Brindis, sin hacer agua, navega.
Este sin landre claudicante Roque,
de una venera justamente vano,

que en oro engasta, santa insignia, aloque,
a San Trago camina, donde llega:
que tanto anda el cojo como el sano.

Anónimo dijo...

"Con las lesbianas la agresividad es igual o mayor : el homofòbico no puede soportar quedar fuera del juego del deseo, el amor entre las mujeres no necesita de él, levanta su soberanía con una sexualidad más compleja que le es ajena (« ¡no necesitan de mi polla, qué horror ! »). Aquí, el otro, la sensación de alteridad es aún más radical, no hay mirada hacia él, no cuenta nada, es un amor que no puede comprender en absoluto. Por tanto, su actitud hacia las lesbianas oscila entre el odio ciego - un balbuceo torpe que sólo se expresa en el insulto (bollera, marimacho, camionera, y otros análisis de refinamiento parecido)-, y la mirada marciana, la perplejidad (¿qué es eso ?), la incredulidad ( eso no puede ser ). Además, el lesbianismo, para ellos, no funciona ni siquiera como fantasía, esas mujeres no te van a hacer nada, no te van a follar, no te van a mirar, no eres ni un objeto. Tu erección, tu presunto poder, no era nada, no sirve.

El discurso homófobo se fundamente en el odio a sí mismo por un deseo del otro ; esas pulsiones homoeróticas infantiles que quedaron en el fondo del armario estallan en forma de desasosiego. La presencia de la lesbiana, del transexual, del travesti, de la drag, del gay, devuelven un saber al que no quería saber : « algo de eso hay en mí ». La extraña importancia que cobra la presencia de dos maricas o bolleras de la mano en un bar o en la calle no deja de ser significativa. De pronto todas las miradas se dirigen a esas manos que se agarran, la gente se altera, hace comentarios, necesita distanciarse, que quede claro que uno no tiene nada que ver con eso, risas nerviosas, chistes, mofa, miradas irónicas, lo que sea, hay que marcar la diferencia.

Algo que es indiferente, que no le concierne a uno, no provoca reacciones. En cambio, el odio o el amor son las dos caras de la misma moneda, de algo que tiene que ver con uno (por eso el ateísmo militante es una forma de reconocimiento de dios, mientras se le niegue se está sujeto a su ley).

La homofobia protege de lo que se desea. La homofobia muestra el retorno de lo reprimido. Si no fueran tan peligrosos, darían pena."

Javier Sànz

Anónimo dijo...

tube que printear por lo del dato del libro y el de castellano se quedo loco y nos puso aparir mas. Y narciso espejo no es un anonimo.La chama que escribe unas poesia arrechisimas esta feliz con los insultos de gongorayquevedo pero el de castellano la mando haber si era verdad y el de castellano nos va a traer una revista Imagen porque todo es historia de la literatura venezolana
osea que hay unos blogs de escritores venezolanos de un nivel maximo y un equipo se va a meter

Anónimo dijo...

Lo importante es que quede claro: Chirinos es un coñoemadre; Centeno es un coñoeamdre; Echeto es un coñoemadre; Méndez Guédez es un coñoemadre; Tablante es un coñoemadre...

gisela kozak dijo...

Comparto plenamente los comentarios de Eduardo Febres, Héctor Torres y Carmen Vincenti respecto a la necesidad de una crítica literaria seria, sustentada y bien escrita que medie entre los textos y los lectores. Les sugieron que aunque sea de vez en cuando recomienden un libro que les parezca bueno y que salgan del anonimato. Otra cosa: ¿es absolutamente necesario publicar las largas parrafadas impregnadas de homofobia, resentimiento y descalificaciones personales? Espantarán a la gente que le interesa la literatura. Como lectora y como escritora considero absolutamente legítimo que a ustedes -o a cualquiera- no les convenza un libro mío, pero los insultos no le agregan nada al debate literario. Sería interesante que los propios escritores(as) y los lectores(as) aprovechasen la posibilidad de diálogo que ofrece el blog para defender el libro atacado, pero nadie lo hará si en la sección de comentarios predominan los "dardos mal escritos y llenos de bilis revuelta", como diría Héctor Torres.

Willy McKey dijo...

Me llama poderosamente la atención el cuestionamiento al "asunto anónimo". Espero me perdonen el vicio deleuziano cuando nos recuerdo que la aprehensión de un nombre propio es, de un modo inmediato, la aprehensión de una multiplicidad.
¿Qué tan anónimo es este blog cuando nombres como los nuestros se acumulan en esta región de comentarios, estando de acuerdo con que hace falta crítica honesta y nadie la hace?

Marcotrigiano, Kozak, Chirinos, Torres y Febres, por ejemplo, son nombres que podemos ver firmando en diversos ISBNs y otros depósitos legales... incluso firmando alguna crítica (o reseña, esa hermanita aparentemente menor e ingenua), eso que decimos que hace tanta falta.

Hay dos grandes acuerdos en estos comentarios: hace falta crítica y quizás el anonimato no es la más frontal de las formas (menos cuando se pretende rendir tributo a Alicia, quien supo llevar el peso de su palabra con cada púa). ¿Y entonces? ¿Cuándo es que empezamos a decirle la verdad a los "amigos"? ¿O sólo nos quedaremos acá, posteando y susurrando un tonto "Fuenteovejuna fue"?

josé jesús villa pelayo dijo...

No sé si este blog lo escribe o no mi querida amiga Alicia Perdomo, pero lo que sí sé es que ella acostumbraba escribir sus críticas –siempre puntillosas, lo eran en el mejor sentido y tal vez en el peor - con inusual crudeza y probablemente con no menos ingenio. Yo fui su víctima, hacia finales de los 80s. Sin embargo, ese evento desastroso, al menos para mí, no hace de Alicia una crítica menos sagaz.

Lo que jamás puede obviar ni olvidar un crítico es alguna objetividad a la hora de mirar dentro de un libro, porque la crítica literaria debe ser, en mi opinión,trabajo de interpretación. Pierde la crítica con la ausencia de objetividad. Está claro también que en Venezuela es difícil escribir crítica sincera y honesta. Nos quedamos siempre en la reseña feliz, en la interpretación conveniente, subjetiva e interesada. Escribimos reseñas más sobre las personas que sobre los libros. No puedo estar de acuerdo con descalificaciones personales, siempre ocultan alguna deficiencia a la hora de tratar un tema de esta naturaleza, lo banalizan. No existe mejor forma de trivializar un tema que con argumentos ad hominen o con diatribas vacías. El juego está bien, pero no las descalificaciones.

Lo importante es que, tal vez sea el momento para comenzar a decir la verdad sobre lo que leemos y a escribirlo. Yo prefiero hablar sobre los aspectos positivos, los rasgos obviamente singulares de una obra, creo que es el legado de la mejor crítica de Occidente.