jueves, 8 de enero de 2009

Chupando sangre en el calorón


Un vampiro en Maracaibo (Alfaguara, 2008, 256 p.) de Norberto José Olivar, aparece, en cierta medida, con la fuerza de una refrescante oscuridad en el panorama de la novela venezolana actual. A tono, acaso, con cierto resurgimiento en todo el orbe de la fascinación por lo inexplicable y misterioso y, dentro de ese amplísimo universo, por una de sus figuras tutelares en particular –el vampiro–, el libro cuenta las peripecias de un profesor universitario que intenta escribir una novela para reconstruir los extraños sucesos en torno a un vampiro (o enfermo, sádico, desquiciado, satánico, monstruo, incomprendido, será el lector quien decida) que causó escándalos en la ciudad de Maracaibo en el siglo XX, aunque su historia pica y se extiende hacia el pasado y, por qué no, hacia el futuro.

Maracaibo, explica en algún momento el narrador, es propicia a los fantasmas por el exceso de agua alrededor de la cual se articula como ciudad. Para contrarrestar eso hay iglesias estratégicamente ubicadas. Ésta, que es sólo una de las muchas hipótesis iniciales que explican la presencia del vampiro Pérez Brenes en la “Tierra del sol amada”, como escribía el buen Baralt, se va sumando a muchas otras: científicas, religiosas, esotéricas, populares y míticas. Igualmente, una serie de discusiones entre personajes de distintos ámbitos (sacerdotes, policías, campesinos, militares, hombres, mujeres y niños de la ciudad) van dándole densidad y espesor a la idea problemática del vampiro, a la estela de misterio que lo rodea, a los extraños prodigios que implica su propia historia: su presunta y trágica inmortalidad, su insaciable sed de sangre y su presencia, por lo menos curiosa, en el calorón marabino. De este modo, el discurso narrativo que diseña y ejecuta en su hacerse la trama de la novela se ve redimensionado por el discurso ensayístico o reflexivo general al que el lector accede desde la voz del narrador o desde los parlamentos de sus múltiples y, a veces entrañables, personajes.

Así mismo, la novela pone en escena la conciencia del escritor que investiga para construir una ficción – Un vampiro en Maracaibo se propone como el relato de una “investigación histórica muy singular” (p.11)–, las múltiples dificultades que enfrenta y el diálogo constante con otras ficciones, con otros autores y con sus imágenes e ideas. Las citas de Baricco, Sábato, Vila-Matas, Saramago y tantos otros, le dan a Olivar una suerte de colchón o apoyo al cual puede acudir constantemente en momentos de flaqueza, en los muchos valles, picos y profundos lagos que el novelista debe sortear o atravesar si quiere llevar a término su empresa. Un vampiro en Maracaibo es, en ese sentido, la puesta en escena de las dificultades de la escritura de una novela y encarna, a ratos, la imposibilidad del escritor para resolver ciertos problemas ficcionales, para conducir con igual fuerza los diversos ríos que recorren, bordean, cruzan y diluyen, reduciéndolo o expandiéndolo, el río principal del relato: su esqueleto narrativo, la trama de fuerza que nos cuenta. Así, pues, las reuniones en la fuente de soda Irama, la historia personal del protagonista –un profesor universitario divorciado y con dos hijos, que ya escribió alguna novela y ahora emprende una nueva empresa literaria–, la precaria aparición de ese personaje femenino que es Lolita y cuya existencia en una de las muchas subtramas de la novela parece estar de sobra, encarnan, muchas veces, desvíos que empobrecen la totalidad de la obra; desvíos que el novelista sabe necesarios, pero que no afronta con el mismo tino –y debe hacerlo; allí, también, la hazaña de lograr una magnífica novela­– con el que se enfrenta al núcleo de su obra. Es entonces cuando la novela gana notable interés, cuando se centra en su asunto: rehacer la historia de un extraño sujeto que “vivió” en Maracaibo en pleno siglo XX y que fue acusado de vampirismo. Es esta la historia que configura la mayor parte del libro y la que el lector “devora”. Pero a ratos, y aquí la mínima falla de Un vampiro en Maracaibo, el lector empieza a sentir que lee por puro compromiso, como por deber, como la cola de un banco que hay que calarse porque no queda otra opción, cada vez que la historia central se interrumpe y la novela se abre en una serie de brazos menores, casi siempre de orden ficcional (el protagonista cuenta una novela de E. Kostova que leyó, le cuenta a sus hijos por teléfono una historia de piratas de la que los hace protagonistas) que hay que pasar rápidamente, que hay que dejar atrás para volver a caer en el tronco del árbol, en el río de sangre y sombra que constituye el grueso y lo mejor de Un vampiro en Maracaibo.

Pero esta es una falla mínima. Una mínima puerta que Olivar nos obsequia para la reflexión sobre la salud de la novela venezolana. ¿Cómo lograr que los desvíos sean, en verdad, necesarios, que la obra los exija y que estén allí porque de no estarlo pondrían en peligro la firmeza de la estructura narrativa y podrían dar lugar, en el peor de los casos, a que lo que la novela ha logrado, levantado y sostenido se derrumbe ante el primer viento contrario? Es una pregunta que se han hecho grandes novelistas. En las novelas de Dostoievski, Flaubert, Camus o Conrad; en las de Onetti, García Márquez, Guimaraes Rosa, Vargas Llosa o Bolaño; en las mejores, para no ir muy lejos, de Carlos Noguera, José Balza o Ana Teresa Torres, en poéticas de la novela tan disímiles, los desvíos dejan de ser tales. Las tangenciales devienen arterias básicas para el tránsito o la circulación del relato, para el desarrollo limpio, orgánico y eficaz de la trama principal. Las historias menores pierden su carácter de historias menores y en algún punto se confunden con la historia mayor, se convierten en un mismo cuerpo, que ya no sólo funciona a golpe de corazón y cerebro, que tiene conciencia de que los pulmones, el hígado, el páncreas o los riñones son igualmente importantes para que el cuerpo viva y no se apague a ratos, en días invernales o páginas de sobra, lo que nos mueve y emociona y nos permite existir.
Pero acaso la educación del novelista deba pasar por estos trances. Errar, si es que acaso podemos usar una palabra tan grave, para hacerse más fuerte, para ganar soltura y peso narrativo. Sin duda, Olivar es un narrador con cierta trayectoria al que seguiremos leyendo con interés y atención. Ya en Un vampiro en Maracaibo demuestra tener madera suficiente para contar una historia y contarla bien. Para obviar, además, el riesgo que pudiese significar la elección de un asunto tan poco explorado en nuestras letras (el vampirismo) y la probable desaprobación implícita de cierta crítica que sigue considerando el tema erótico, el policial o el de horror sobrenatural como literatura menor. Y para ambientar su historia, además, en una de las ciudades más solares y cálidas de nuestro país, la menos gótica y tenebrosa, la última que un vampiro en sus cabales elegiría como su morada. Y que, sin embargo, gracias al trabajo del novelista y a lo que esta experiencia de lectura representa –sacro poder de la ficción–, se convierte en el lugar perfecto para ir por la vida chupando sangre, al ritmo del fuego de las sombras.

11 comentarios:

Santos Rosa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Santos Rosa dijo...

Escribir una crítica negativa es fácil, demasiado fácil, sobre todo si se oculta uno en el anonimato. Se los voy a demostrar.

Perdomo tiene un estilo muy pobre. Abusa de los adjetivos innecesarios, o vagos (“amplísimo universo”, “extraños prodigios”, “cierto resurgimiento”) y de los lugares comunes y redundancias (“ríos que recorren, bordean, cruzan y diluyen”).

Perdomo no corrige sus textos con el rigor con que le exige a los novelistas (“compromise”, en lugar de compromiso, “así mismo”, en lugar de asimismo, y esto en un texto que no llega a los seis mil caracteres y que se tardó meses en escribir).

Sus argumentos son contradictorios. Al principio de la crítica se refiere al lector como a un ente externo (“será el lector quien lo decida”), y al final, en uno de los arrogantes giros que lo caracterizan, asume que su experiencia individual es o será la experiencia del lector (“el lector empieza a sentir que lee por puro compromiso”).

Cuando explora el tema de los desvíos literarios, Perdomo ignora el caso canónico: Don Quijote de la Mancha. Detalle este que demuestra una ignorancia supina. Hablar de desvíos en la historia de la literatura, sin hablar del Quijote, es imperdonable, más aún cuando la única reflexión de profundidad que ofrece en esta crítica, es precisamente sobre el tema de los desvíos.

Esto lo escribí en más o menos cuatro minutos y no soy, ni pretendo ser, escritor ni crítico literario. Pero sí soy lector, y enemigo de la arrogancia y la cobardía, y precisamente porque no soy cobarde ni arrogante, le voy a ofrecer a Perdomo el beneficio de la duda, le voy a pedir que trate de escribir más críticas constructivas, como ésta, a ver si demuestra que además de vomitar sabe escribir.

John Manuel dijo...

Mira Santos. Crítica, lo que se dice crítica no hay en Venezuela.

Nadie dice nada, nadie critica nada con dureza. Al contrario, aquí en Venezuela la crítica se reduce a un circulo amiguero y mediocre de osos que se rascan mutuamente la espalda. por eso es que este blog me pareció tremendo cuando apareció. Llego a tener casi 100 comentarios en sus primeros posts. Pero poco a poco se ha ido desinflando. No sé si es por cobardía de Perdomo (quien que sea este brother) o si es por personas como tú que les da piquiña cualquier crítica negativa sobre la sagrada literatura venezolana. Y eso una lástima, Perdomo, yo creí que este espacio se convertiría en un punto de encuentro para discutir la situación actual de la literatura venezolana. Pero el hecho de que tardes meses en actualizar y que hayas prohibido el anonimato (aunque tú lo utilices) le ha quitado fuerza al blog, ya casi nadie comenta y seguro que muy pocos lo visitan.

Perdomo debe ser anónimo, amigo Santos. De bolas, si la gente responde a las críticas como tú lo haces yo imagino que si en este país hubiese un crítico que publicara reseñas firmándolas con su nombre y apellido, pues lo esperarían a las puertas del periódico para darle unas piñas por meterse con las vacas sagradas de la literatura made in the bolivarian republic.

Mención aparte para la bolsería de "críticas constructivas". Mi pana, ¿hasta cuando? "criticas por criticar" ¿Esto no lo decía Joselo? No me jodan.

La crítica constructiva es una gran farsa usada por los censuradores. En cuba, por ejemplo, se dice "un revolucionario no hace críticas sino propuestas". Ja ja ja. Que lugar común tan despreciable. Resulta, Santos, que yo critico por una simple razón:

Porque me da la gana. Sí, así de simple. Resulta que la libertad de expresión absoluta, la que permite que surjan críticas no-constructivas es la única que permitirá que surjan tus ansiadas críticas constructivas. Me explico: Yo, por ejemplo, no se nada de economía. No tengo ni la más remota idea de como arreglar la economía de Venezuela o de como hacer para construir más viviendas. Eso no significa que, motivado por mi ignorancia en el tema, no pueda yo decir: "coño, la economía está muy mal" o "bestia, me gustaría que se construyesen más viviendas para quienes lo necesitan".

Es precisamente el surgimiento de críticas negativas y quejumbrosas lo que hará latente el descontento y hará que "los constructivos" hagan propuestas para cambiar la situación. Así que, digamos que el pana Perdomo no es un escritor, no ha escrito nada y, según tú, debe callarse la boca hasta que tenga algo constructivo que decir sobre los libros que comenta. Entonces, si él se calla y todos lo hacen, todos los escritores venezolanos podrán pensar que sus libros son arrechísimos, que son los mejores escritores del universo y que no hay caminos distintos que explorar dentro de la literatura venezolana. Entonces, ¿cómo surgirá alguna propuesta innovadora? Digo, porque si todos piensan que todo está bien, entonces no hay nada que hacer, ya todo está hecho. Es precisamente el hecho de que Perdomo señale los vacíos y debilidades de nuestros libros lo que motivará a los escritores venezolanos a tomar nota y hacerlo mejor para la próxima. Porque, amigo Santos, si nadie dice que la economía está mal, los economistas jamás harían propuestas alternativas.

No se si me he dado a explicar.
Yo no digo que todo se justifique. Si Perdomo dijera “Federico Vegas es marico” ese sería otro asunto, este blog sería una ñoña y nadie lo visitaría. Pero, hasta ahora, las críticas de Perdomo (las comparta o no) se han mantenido en la línea de lo profesional. Claro, algunas son rudas, pero no pretenden agredir la dignidad de nadie. Son solo comentarios agudos sobre libros, nunca sobre personas. Y eso es loable, no entiendo por qué la molestia.

Perdomo, espero sigas escribiendo y que lo hagas con más frecuencia y que podamos meternos aquí a discutir sin tapujos el tema “literatura venezolana”. También espero que quites la restricción al anonimato y dejes que todos puedan comentar en el blog. Te sugiero, además de los libros que están en fila (los invencibles, piedras lunares, lluvia) peor que tu de Gabriel Torrelles, el pasajero de Truman de Francisco Suniaga y la huella del bisonte de Héctor Torres. Ah y una reseña del libro cuentos que hicieron historia sería genial ya que te permitiría hablar de la narrativa venezolana durante la segunda mitad del siglo XX y primeros años del XXI.

Santos Rosa dijo...

Tu respuesta es mi mejor argumento. Qué fácil es vomitar y que difícil pensar.

?No hay nada de lo que yo haya dicho que te haga pensar?

A ver si entiendes, lo que quiero decir es que ahora que por fin Perdomo quiere recomendar un libro, con o sin razón, la crítica que publica es aburrida, vacía, sin fuerza.

?Por qué?
Porque es muy difícil escribir una crítica (no diré constructiva) completa, inteligente.

Yo lo que le pido es que al igual que destruye, comente de vez en cuando libros que le hayan gustado (no creo que todos sean malos), y que demuestre que sabe escribir.

Sobre el anonimato. Pues no me parece necesario. Me parece cobarde. En el resto del mundo los críticos no se esconden, independientemente de lo que digan.
Y estoy hablando de países como México o Argentina, muy similares al nuestro.

En fin, entiendo el valor de una crítica fuerte, pero me molestan la cobardía y el facilismo.

En el fondo me contenta que Perdomo esté explorando otros terrotirios. Los territorios del verdadero crítico.

John Manuel dijo...

“Yo lo que le pido es que al igual que destruye, comente de vez en cuando libros que le hayan gustado (no creo que todos sean malos)”

Bueno. Yo creo que no todas han sido críticas negativas. Por ejemplo en Fuller y otros Sobrevivientes el comentario fue, en general, positivo.

Los comentarios sobre el poemario Construcciones Sobre Basamentos de Niebla también fueron elogiosos. Incluso algunos comentaristas lo acusaron de chapista por eso.

En la crítica a la antología Las Voces Secretas. El Nuevo Cuento Venezolano. Se estimaban positivos muchos de los relatos allí publicados, el cuestionamiento iba más por el lado del criterio para la selección de los cuentos que por la calidad de los mismos.

Y en la reseña a La Enfermedad el comentario también era muy positivo. De hecho las únicas críticas fueron al relato paralelo de la enfermera y su intercambio epistolar con un hipocondríaco terminaba por quitarle fuerza al libro (cosa con la que estoy de acuerdo) y la otra crítica fue la cantidad de citas, un tanto forzadas, que contenía el relato.

Aunque sí, entiendo cuando dices que quizás ha sido un poco reduccionista. Por ejemplo, aquí faltan reseñas de los libros de Israel Centeno o de la cuentística de Javier Miranda Luque, dos escritores que se salen del molde y que ciertamente están buscando nuevos caminos dentro de la narrativa venezolana. Amén de que los libros que le sugerí comentar a Perdomo, a saber: peor que tu de Gabriel Torrelles, el pasajero de Truman de Francisco Suniaga y la huella del bisonte de Héctor Torres. Me gustaron bastante y por eso me gustaría verlos reseñados aquí.

Ahora bien, sobre el anonimato. Mira, yo no justifico el anonimato, ya ves que escribo con mi nombre y mi apellido. Pero no culpo a quien lo usa en el ámbito cultural venezolano.

Hay muchas presiones, los espacios culturales son pocos y los pocos que son están en manos de pequeños círculos muy cerrados. Si te atreves a contrariarlos con tu nombre y tu apellido por delante a lo mejor te condenan al ostracismo. Si Perdomo dijera que se llama fulanito de tal, de seguro tendría que atenerse a las consecuencias. Aún así, respeto tu opinión en ese sentido.

Mari Azuaje dijo...

Yo creo que finalmente Salvador y Rodrigo se cansaron de criticar y se ocupan ahora de escribir. Y a lo mejor esta nota se la encargaron a otro colega menos rabioso o de mejor humor.
En cuanto a las críticas positivas, qué curioso que siempre las dedican a los escritores con menos eco en los medios y en las ventas. Los más inocuos tal vez.
A lo mejor Salvador y Rodrigo Perdomo tienen vocación de Robin Hood.

fengfk2008 dijo...

Q
F
seo

SEO是目前最新興的廣告曝光方法,SEO搜尋行銷提供了專業的關鍵字排名與SEO搜尋引擎最佳化服務,讓你的網站在SEO排名遙遙領先,歡迎洽詢SEO的專家 ... SEO自然排名 規劃架設seo seo網站 專業關鍵字公司1通電話幫您把網站排名到第1頁、 想要讓自己的網站大量曝光嗎? ...

宜蘭民宿

a383



3

i

Betsai dijo...

existe la necesidad de leerlos, ¿qué ha pasado?

宜蘭民宿 dijo...

中醫減重
中醫減重
中醫減重
中醫減重
中醫減重
花蓮民宿
花蓮民宿
花蓮民宿
花蓮民宿
花蓮民宿
花蓮民宿

宜蘭民宿 dijo...

中醫減重
中醫減重
中醫減重
中醫減重
中醫減重
花蓮民宿
花蓮民宿
花蓮民宿
花蓮民宿
花蓮民宿
花蓮民宿

Dolly.G dijo...

高仿手錶
熱水器
棧板
塑膠棧板
蛋糕
天麻
扭力板手
老酒收購
清潔公司
捕蚊達人